El secretario general de ERC, Joan Puigcercós, lleva ya algunos días mendigando volver al Gobierno de la Generalitat, ya sea de la mano del PSC de Montilla o de la de CiU de Mas y Durán. La prioridad de los republicanos independentistas es gobernar la Generalitat al precio que sea. Amenazan con volver al Gobierno para hacer lo que han hecho en los últimos tres años. Y ni Montilla ni Mas han rechazado la oferta. Así están las cosas. No existe ninguna encuesta que prevea un triunfo con mayoría absoluta ni de los socialistas-nacionalistas del PSC ni de los nacionalistas de CiU. Los pactos post electorales decidirán quién será el próximo presidente de la Generalitat. Por este motivo es tan importante que el PP de Cataluña obtenga un buen resultado en las elecciones del uno de noviembre y pueda condicionar así el futuro gobierno de Cataluña. Los catalanes necesitamos estabilidad, necesitamos ganar en progreso, en libertad, queremos un mejor futuro para nuestros hijos. Ya hemos visto en los últimos tres años cuál es el estilo y la forma de gobernar de las izquierdas. No existe tanta diferencia entre CiU y el PSC. De hecho, el nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña ─pactado entre CiU y PSC─ pone de manifiesto como socialistas y nacionalistas coinciden en la política económica, en la política social y en el modelo de sociedad.
El objetivo que durante todo el verano han explicitado los dirigentes de CiU, del PSC, de ERC y de ICV, no es conformar un nuevo gobierno eficaz, que rebaje los impuestos a los catalanes, que luche eficazmente contra la inmigración ilegal, que persiga a los delincuentes, que genere empleo o que facilite viviendas asequibles para los jóvenes. El debate político sobre el que se esta basando esta larga precampaña es sobre el grado de catalanidad o de catalanismo de los distintos partidos y candidatos. Hace unos días, desde ERC y desde CiU se criticaba a Montilla por "no ser catalanista". No voy a ser yo quién defienda a Montilla, sobretodo después que les haya saltado a la yugular diciendo que para catalanista, él. El PSC lo ha bordado con su lema de campaña “Ahora es la hora de los catalanes”. El “y yo más” resulta tan pueril como cansado. La política catalana se ha convertido en una especie de competición en ver quién es más catalanista, más nacionalista, en definitiva, menos español. No entiendo la obsesión enfermiza de la mayoría de partidos catalanes en definirse como catalanista, más catalanista o directamente nacionalista. De hecho, todos los partidos que han apoyado el Estatuto se pueden definir como nacionalistas. ¿No ha definido el PSC a Cataluña como una nación? Pues eso. ¿Tanto cuesta decir que uno es catalán y, a partir de ahí, tratar de solucionar los problemas reales de los catalanes?
El próximo uno de noviembre debemos poner punto y final a los políticos que se dedican a ir repartiendo carnés de catalanidad o a los que presumen de un pedigrí catalán que sólo existe en sus sueños pijos del Bocaccio. El debate político catalán lleva años viciado. Llevamos años en Cataluña en los que las elecciones las ganan las izquierdas o las derechas, siempre los nacionalistas y nunca los catalanes. Si no eres nacionalista eres un bicho raro, una especie en peligro de extinción. Para ser un buen catalán y no quedar marginado de la tribu hay que ser nacionalista, hablar y escribir exclusivamente en catalán, creer que Cataluña es una nación, odiar a quienes votan al PP, apoyar a Grecia cuando se enfrenta a la selección nacional (que no estatal, ¡ya está bien de tonterías!) y tratar por todos los medios de convertir a España en algo ajeno y distante. En eso esta Montilla. Por eso Mas y Carod le critican. Los socialistas catalanes, con Montilla a la cabeza y con el visto bueno de Zapatero, trabajan sin descanso para ocupar el espacio político nacionalista que ahora ocupa CiU y ERC. Sólo el PP de Cataluña puede aguarles la fiesta. En eso estamos.
