Vilaweb ha iniciado la campaña “Kelme me ha perdido como cliente" como medida de protesta contra la decisión de la empresa alicantina de rescindir unilateralmente su contrato de patrocinio con el jugador del Barcelona, Oleguer Presas. Esta acción consiste en el envío de correos electrónicos a Kelme con el texto: "Creo que han atentado contra la libertad de expresión. Han perdido un cliente". El diario digital justifica así esta iniciativa: "no discutimos el derecho de Kelme de decidir sobre este tema. Pero como consumidores también tenemos derecho de decidir. Por esto queremos hacer saber a Kelme que jamás compraremos sus productos".
Unos segundos antes de colgar este artículo ya habían más de 17.600 ciudadanos adheridos a esta iniciativa, entre ellos el “Pato Donald” y Spiderman”. Además de Vilaweb, el Consejero de la Vicepresidencia del Gobierno de Cataluña, Ezquerra y el partido de Saura ya han calificado de catalanafobia el hecho que Kelme haya decidido rescindir el contrato con este futbolista. Ayer, mientras observaba perplejo toda la polémica provocada por una decisión empresarial absolutamente legítima, recordé que hacía pocos días, concretamente el 16 de enero de 2007, el Diario Oficial de la Generalitat de Catalunya publicaba la relación de subvenciones concedidas a emisoras de radio y televisión y a empresas periodísticas de prensa digital en catalán o aranés en el tercer trimestre del año 2006. Repasando el DOGC recordé que Vilaweb había recibido una subvención de 144.248 euros del Departamento de la Presidencia del Gobierno de Cataluña. Ahora vemos a qué tipo de cosas dedica nuestro dinero el Gobierno tripartito. ¡Un asco!
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El boicot de Montilla a Kelme
La salud es lo primero
El debate sobre las drogas ha vuelto a reactivarse en España después de la última ocurrencia del consejero de interior del Gobierno de la Generalidad de Cataluña que ha propuesto su legalización para acabar con el narcotráfico. Una de las principales funciones de los poderes públicos debe ser trabajar para proteger la salud de los ciudadanos. Por ese motivo, cualquier gobierno responsable debe buscar permanentemente formulas para evitar el impacto de la toxicidad de estas sustancias en la población. Incluso con las drogas legales, la administración pública establece mecanismos para restringir y limitar su uso, como pasa en España con el tabaco. La legalización de las drogas las haría más accesibles y una mayor disponibilidad de estas provocaría un aumento del consumo. Además, excepto Saura, nadie duda hoy que los traficantes no respetarían la prohibición de vender drogas a menores, con lo cual siempre existiría un mercado ilegal. Los abolicionistas miran a Holanda como referente de la no prohibición del consumo de drogas. Desconocen o no quieren saber que en Holanda se han limitado las cantidades que pueden comprarse en los coffee-shop y se están poniendo nuevas trabas a la apertura de estos establecimientos. A pesar de ello no han conseguido reducir el consumo de cannabis que es similar al del resto de países europeos ni han logrado frenar el consumo de otras sustancias como la cocaína o las drogas de diseño.
Resulta sorprendente que quienes apuestan por la legalización como instrumento para acabar con el narcotráfico no se hayan parado a pensar lo que está ocurriendo con las drogas que ya son legales en nuestro país. En España, el tabaco es una droga legal y, a pesar de ello, cada año se cogen miles de cajetillas de tabaco de contrabando que intentan entrar en España de manera fraudulenta. A pesar de que el tabaco es una droga totalmente legal y absolutamente accesible, siguen habiendo mafias que trafican con él. También el alcohol es legal y a pesar de ello, algunos desaprensivos siguen adulterando el alcohol y lo venden a menores.
Además, los que plantean que en España las drogas deberían ser legales tendrían que ser conscientes que su legalización no puede ser una decisión unilateral de un país y mucho menos, de una Comunidad Autónoma por mucho que lo diga el tripartito. Para empezar a plantearse en serio una decisión de este tipo debería haber un acuerdo internacional que hoy no existe. Ni la Organización Mundial de la Salud ni la comunidad internacional creen que deban legalizarse las drogas. Tampoco resulta válido, desde mi punto de vista, el criterio que intenta contentar a todos, el que distingue entre las llamadas drogas duras y blandas. Las drogas son drogas y distinguirlas, dulcificando los efectos de algunas, no hace más que incentivar su consumo. El discurso de las drogas blandas las hace más atractivas y, por tanto, los jóvenes no las perciben de manera perjudicial y acaban convirtiéndose en la puerta de entrada a otro tipo de drogas, igual de perjudiciales.
A pesar de que en España no es un delito el consumo particular de drogas, debemos formar a los jóvenes en la cultura de la salud, con independencia de que las drogas sean legales o ilegales. Sería paradójico que mientras todos aceptamos que hay que endurecer las medidas contra el consumo de tabaco porqué supone un grave problema de salud, otros estuvieran fomentando el consumo o minimizando sus efectos.
